¿Se puede prohibir la venta de acciones a los socios fundadores de una SAS?

por Dic 16, 2022Artículosㅤ, Derecho Societario

¿Se puede prohibir la venta de acciones a los socios fundadores de una SAS?

Son innumerables los casos de emprendimientos que nacen con la reunión de unos amigos, parientes o conocidos que tienen una idea innovadora, se asocian para llevarla adelante y se comprometen a aportar sus conocimientos y habilidades para la consecución del éxito.

Pongamos por caso un emprendimiento que tiene como finalidad desarrollar y comercializar aplicaciones para entretenimiento y cuyo primer proyecto es el desarrollo de un juego de preguntas y respuestas en el que los participantes competirán entre sí en un torneo hasta consagrar a un ganador. Y entonces se juntan unos amigos. Uno de ellos es programador, otro es diseñador, otro es administrador de empresas y otro tiene habilidades para el marketing y la venta. Constituyen una SAS, aportan el mínimo de dos SMVM para conformar el capital social necesario y se comprometen a aportar su trabajo y habilidades.

¿Pueden pactar los nóveles socios que ninguno de ellos venderá su participación accionaria en la SAS por un determinado tiempo? La idea es que la estructura societaria original, la de los amigos socios fundadores de la SAS, se mantenga por un tiempo determinado sin que terceros ingresen como socios. ¿Es factible acordar algo así?

Similar situación puede presentarse en el caso de una empresa familiar, en la cual los socios fundadores, pongamos por caso ambos padres y sus tres hijos, pretenden que la empresa permanezca en manos de la familia.

La libre transmisibilidad de las acciones

Un principio fundamental de las llamadas sociedades capitalistas, entre las cuales se encuentran la Sociedad Anónima, la Sociedad de Responsabilidad Limitad y la SAS, es el de la libre transmisibilidad de la participación societaria. Esto quiere decir que los socios, en principio, son libres de transmitir su participación (acciones, para el caso de la SA y la SAS, y cuotas sociales, para las SRL) a quien quieran, en el momento en que quieran y al precio que quieran, sin necesidad de requerir autorización previa o cumplir condición alguna respecto de la sociedad y los otros socios.

En efecto, la Ley de General de Sociedades, dispone expresamente, respecto de las SRL, que “las cuotas son libremente transmisibles”, y reitera idéntico principio respecto de las SA, estableciendo que “la transmisión de las acciones es libre”.

A su vez, la ley permite en ambos casos establecer, en el propio contrato social o estatuto, limitaciones o restricciones a la transmisibilidad, y así dispone que en las SRL la transmisión de las cuotas es libre “salvo disposición contraria del contrato” y que “el contrato de sociedad puede limitar la transmisibilidad de las cuotas”, y respecto de las SA establece que “el estatuto puede limitar la transmisibilidad de las acciones”.

Por ejemplo, una manera de limitar la transmisibilidad es estableciendo que para ceder las cuotas o acciones, los socios deberán previamente requerir autorización de la sociedad, o que sólo deberán cederlas a personas que cumplan con determinadas condiciones o que primero deberán ofrecer sus cuotas o acciones a los demás socios para que ellos puedan adquirirlas (lo que se conoce como “derecho de preferencia”).

Lo que la Ley General de Sociedades prohíbe tajantemente es que los socios acuerden la prohibición de transferencia de las cuotas o acciones. Respecto de las SRL, la ley dice que el contrato social puede limitar la transmisibilidad de las cuotas, “pero no prohibirla”; yendo a las SA, la ley consagra similar disposición: el estatuto puede limitar la transmisibilidad de acciones, “sin que pueda importar la prohibición de su transferencia”.

¿Qué pasa en las SAS?

Las SAS fueron pensadas como un instrumento legal para atender las necesidades específicas de los emprendedores. De hecho, a diferencia del resto de las sociedades comerciales, que están reguladas en la Ley General de Sociedades, las SAS están reguladas en la Ley de Apoyo al Capital Emprendedor (LACE), que consagró algunos instrumentos especialmente diseñados para atender las particularidades del emprendedorismo.

Y, justamente, una de las particularidades del emprendedorismo es la que señalamos al comienzo: muchos emprendimientos nacen de la reunión de amigos, familiares o conocidos que tienen una idea o proyecto innovador y que deciden aportar sus habilidades concretas para llevarlo adelante, razón por la cual el hecho de la permanencia de los socios fundadores cobra mayor relevancia que en otros casos.

Atendiendo a esta necesidad es que la LACE se aparta de lo que dispone la Ley General de Sociedades y permite que los socios de una SAS acuerden la prohibición de la transferencia de acciones.

No es que en las SAS la transferencia de acciones no es libre. Al contrario, el principio general es el mismo que en las SRL y en las SA: la libre transmisibilidad de la participación, en este caso, de las acciones. Entonces, como principio general, los socios tienen amplia libertad para transmitir sus acciones a quienes quieran, en el momento en que quieran y bajo las condiciones que quieran.

La propia LACE menciona la posibilidad de que los socios acuerden restricciones a la transmisibilidad: “La forma de negociación o transferencia de acciones será la prevista por el instrumento constitutivo, en el cual se podrá requerir que toda transferencia de acciones o de alguna clase de ellas cuente con la previa autorización de la reunión de socios”.

Pero, lo novedoso de las SAS es que la propia ley habilita que los socios acuerden la prohibición de la transferencia de acciones bajo ciertas condiciones: “El instrumento constitutivo podrá estipular la prohibición de la transferencia de las acciones o de alguna de sus clases, siempre que la vigencia de la restricción no exceda del plazo máximo de diez (10) años, contados a partir de la emisión”. Es decir, hay un límite temporal: no se puede establecer la prohibición de la transferencia de las acciones por un plazo mayor a 10 años.

No obstante, la ley agrega que “Este plazo podrá ser prorrogado por períodos adicionales no mayores de diez (10) años, siempre que la respectiva decisión se adopte por el voto favorable de la totalidad del capital social”.

En definitiva, los socios no pueden pactar la prohibición de la transferencia de acciones por plazos mayores a 10 años, pero si acaecido el vencimiento del plazo todos los socios acuerdan la renovación, la prohibición se puede extender, razón por la cual podría suceder que en la práctica esa prohibición dure 30, 40, 50 ó más años, siempre y cuando los socios lo decidan unánimemente.

Conclusiones

La SAS está pensada como un instrumento jurídico apto para vehiculizar muchas de las necesidades de los emprendedores. Un de ellas es la necesidad de garantizar la permanencia de los socios fundadores de un emprendimiento y para ello consagra una excepción al régimen general de las sociedades comerciales, posibilitando que los socios acuerden en el instrumento constitutivo la prohibición de la transferencia de las acciones por un plazo de 10 años, susceptibles de ser prorrogados por acuerdo unánime por plazos similares.

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